domingo

Alain Badiou, a propósito de Beckett y el amor (fragmento)

Alain Badiou es un filósofo marroquí/francés que me gusta mucho leer, tanto por placer como por cuestiones de estudio. Lo descubrí gracias a estas obligaciones facultativas; su libro El Siglo (sobre el siglo XX) me resulto extremadamente interesante; también tiene textos que son análisis e interpretaciones literarias de un autor en general o de una o algunas obras en particular. 

Les dejo un fragmento de un capítulo del libro El infatigable deseo, en el que Badiou escribe sobre el amor en la obra de Samuel Beckett. (A su vez, retoma este texto para construir gran parte del libro Condiciones) Para reflexionar, sobre todo el último párrafo que es el fragmento que realmente me interesa compartirles al cien por ciento.  Pueden ir directo al final, hice una marca para que sea más fácil de reconocer.




Beckett, el infatigable deseo
El Amor


«El acontecimiento en el que el amor se origina es el encuentro. Desde los años treinta, Beckett insiste en que la fuerza del encuentro es tal que nada, ni en los sentimientos ni en el cuerpo deseante, está a su medida. (...) El encuentro permite que surja el Dos y fractura el encierro. (...) Estamos indagando si el encuentro, y el amor, disponen de figuras sexuadas. (...) para Beckett los sexos no preexisten al encuentro amoroso sino que son más bien su resultado. (...) Una víctima puede volverse verdugo siempre y cuando en un encuentro sea “ella” la que caiga sobre el otro. Pero desde el interior de una situación amorosa dada (llamemos “amor” lo que procede de un encuentro) hay forzosamente estas dos figuras [masculina y femenina]

(...) Todo encuentro prescribe cuatro grandes funciones: la fuerza de la errancia, el dolor de la inmovilidad, el gozo del imperativo y la invención del relato. (...) Llamaremos “masculina” la combinación del imperativo y de la inmovilidad y “femenina” la de la errancia y el relato. 

No se trata de volver al solipsismo [al encierro], se trata de que el Dos sea experimentado y vuelto a ser demostrado en el entre-Dos, en lo que distingue a sus dos términos. El deseo masculino es afectado, infectado, por el vacío que separa las posiciones sexuadas en la misma unidad del proceso amoroso. El “hombre” desea la nada del Dos, mientras que la “mujer”(...) desea que el Dos sea la tenacidad infinita de un Dos que dura. Ella es “el duro deseo de durar” mientras que es masculina la perpetua tentación de ver dónde está exactamente el vacío que pasa entre Uno y Uno. (...)



El amor es este intervalo por donde se persigue hasta el infinito una especie de indagación sobre el mundo. Pues el saber se experimenta y se transmite en él entre dos polos irreductibles de la experiencia, se sustrae el tedio de la objetividad, está cargado de deseo y es lo mas íntimo y lo más vivo que poseemos. En el amor no es el mundo el que nos adueña de lo que es, no es él el que se apodera de nosotros. Al contrario, es la circulación paradójica entre “hombre” y “mujer” de un saber maravilloso que provoca que poseamos el universo. El amor es cuando podemos decir que tenemos el cielo y que el cielo no tiene nada.»




1 comentario:

  1. Muy interesante. Es una faceta de Beckett que se suele pasar por alto.

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