jueves

Antígona



Los días sin hambre
pasan uno detrás de otro
mientras desmiembro el secreto
e intento aprender
cómo enseñarle a mamá a parir.
Sí, yo, frígida, insípida. Yo.


Un bebé muerto,
agazapado,
en su último milímetro de vida,
antes de que lo abrase
un cometa tanático


a toda velocidad.


Envuelto en vendas blancas
el cuerpo de un hermano muerto
es más frío que el ártico,
más rígido que un dogma.


Moretones violetas, los últimos testigos.


Quedamos dos en la casa, solas,
servimos de cenar sangre, heridas, fuego. ¿Somos parte
de la misma guerra?


Algunas noches tengo un sueño:



alguien
me entrega el secreto,
redondo,
sellado con un manto negro,
y yo lo suelto.
no deja de caer
nunca deja de caer

a toda velocidad.



Debe haber una forma
de irse,
hambrientas,

una forma de irse de acá.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario