Los días sin hambre
pasan uno detrás de
otro
mientras desmiembro
el secreto
e intento aprender
cómo enseñarle a
mamá a parir.
Sí,
yo, frígida, insípida. Yo.
Un bebé muerto,
agazapado,
en su último milímetro de vida,
en su último milímetro de vida,
antes de que lo
abrase
un cometa tanático
a toda velocidad.
Envuelto en vendas
blancas
el cuerpo de un
hermano muerto
es más frío que el
ártico,
más rígido que un
dogma.
Moretones violetas, los últimos
testigos.
Quedamos dos en la casa, solas,
servimos de cenar sangre, heridas, fuego. ¿Somos parte
de la misma guerra?
Algunas noches
tengo un sueño:
alguien
me entrega el secreto,
redondo,
sellado con un manto negro,
y yo lo suelto.
no deja de caer
nunca deja de caer
a toda velocidad.
Debe haber una
forma
de irse,
hambrientas,
hambrientas,
una forma de irse
de acá.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario