“¡Ámala, ámala, ámala! Si te complace, ámala. Si te hiere, ámala. Aunque te rompa el corazón, y a medida que envejezca y endurezca se te desgarrá más, ¡ámala, ámala, ámala! […] El amor verdadero es devoción ciega, humillación absoluta, total sumisión, fe y confianza contra uno mismo y el mundo entero, plena entrega del alma y el corazón a quien te lo destroza. […] Hasta el último instante de mi vida no podrás sino ser parte de mí carácter, parte de lo poco que de bueno hay en mí, parte de lo que de malo llevo”.
Es un libro que todavía no leí, me queda pendiente, pero luego de este fragmento se me aumentan las ganas... todavía no me decido si leerlo en inglés o en castellano..
ResponderBorrarUn verdadero clásico...
Nunca estaré de acuerdo con esa definición del amor. Por más que sea de Dickens.
ResponderBorrarPero esa película es bellísima, él siempre para ella pero al revés ya no tanto. Hasta eso, hay momentos en los que uno le odia a ella por ser tan cruel y absurda, pero cuando ves el final, entonces todo tiene sentido otra vez.
Un abrazo.
Es genial esa forma de amar, aunque a veces duela demasiado para hacerle caso
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