domingo

La Insoportable Levedad del Ser



Teresa&Tomás

Él se encontró por primera vez con ella hace unos tres meses en una pequeña ciudad. Pasaron juntos apenas cuatro horas. La acompañó a la estación y esperó junto a ella hasta que tomó el tren.

Diez días más tarde volvio a verla. Volvieron a verse hace dos meses, también hace un mes. Todas las semanas desde que se conocieron, hasta el sábado y el domingo pasado. Hicieron el amor ese mismo día. Luego, a ella le dio fiebre y enfermo durante toda la semana.

Sintió entonces un inexplicable amor por una chica casi desconocida. Ahora, está junto a la ventana, mira a través del patio hacia la pared del edificio de enfrente y piensa: ¿Debe invitarla otra vez...? ¿Si la invitase ahora, vendría junto a él a ofrecerle toda su vida?. Miraba a través del patio hacia la pared de enfrente y buscaba una respuesta...

Se acordaba una y otra vez de cuando estaba acostada en su cama: no le recordaba a nadie de su vida anterior. No era ni una cualquiera, ni una novia que en el fondo no vale la pena... Se durmió; él se arrodilló a su lado. Su respiración afiebrada se aceleró y se oyó un débil gemido. Apretó su cara contra la de ella y le susurró mientras dormía palabras tranquilizadoras. Al cabo de un rato sintió que su respiración se serenaba y que la cara de ella ascendía instintivamente hacia la suya. Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiró como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación de que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.

¿Era amor? Miraba a través del patio la sucia pared y se daba cuenta de que no sabía si se trataba de histeria o de amor. Y le dio pena que en una situación como aquélla, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento más hermoso que había vivido jamás (La había visto dormir, la había oído respirar enferma... Horas antes le había hecho el amor como nunca antes).

[...]

Era bastante natural que no supiera qué quería: El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.

No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿Qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.

Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.
[...]


Todos los idiomas derivados del latín forman la palabra «compasión» con el prefijo «com» y la palabra passio que significaba, originalmente, padecimiento. Esta palabra se traduce a otros idiomas, por ejemplo al checo, al polaco, al alemán y al sueco, mediante un sustantivo compuesto de un prefijo del mismo significado, pero seguido de la palabra «sentimiento». En checo: Sou-cit. En polaco: Wspól-czucie. En alemán: Mit-gefühl. En sueco: Med-kánsla.

En los idiomas derivados del latín, la palabra «compasión» significa: no podemos mirar impertérritos el sufrimiento del otro; o que participamos de los sentimientos de aquel que sufre. En otra palabra, en la francesa pitié (en la inglesa pity, en la italiana pieta, etc.), que tiene aproximadamente el mismo significado, se nota incluso cierta indulgencia hacia aquel que sufre. Avoir de la pifié pour une femme significa que nuestra situación es mejor que la de la mujer, que nos inclinamos hacia ella, que nos rebajamos.

Este es el motivo por el cual la palabra «compasión» o «piedad» produce desconfianza; parece que se refiere a un sentimiento malo, secundario, que no tiene mucho en común con el amor. Querer a alguien por compasión significa no quererlo de verdad. En los idiomas que no forman la palabra «compasión» a partir de la raíz «padecimiento» (passio), sino del sustantivo «sentimiento», estas palabras se utilizan aproximadamente en el mismo sentido, sin embargo es imposible afirmar que se refieran a un sentimiento secundario o malo.

El secreto poder de su etimología ilumina la palabra con otra luz y le da un significado más amplio: tener compasión significa saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor. Esta segunda compasión, la del sustantivo sentimiento, significa también la máxima capacidad de imaginación sensible, el arte de la telepatía sensible; es en la jerarquía de los sentimientos
el sentimiento más elevado.

[...]


Sexta parte: La Gran Marcha.
(Vigésimo Tercero)


Todos necesitarnos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público. Ese es el caso del cantante alemán, de la actriz norteamericana y también del redactor con largas barbas. Estaba acostumbrado a sus lectores y, cuando un buen día los rusos cerraron su semanario, tuvo la sensación de que el aire era cien veces más enrarecido. Nadie podía reemplazarle la mirada de los ojos desconocidos. Le pareció que se ahogaba. Entonces fue cuando advirtió que la policía vigilaba todos sus pasos, que oían sus conversaciones por teléfono y que hasta le sacaban en secreto fotos en la calle. ¡De pronto los ojos anónimos estaban otra vez en todas partes y él podía respirar de nuevo! ¡Estaba feliz! Se dirigía con voz teatral a los micrófonos de las paredes. Había encontrado en la policía al público perdido.

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas.

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad. Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores.

[...]

Séptima parte: La sonrisa de Kerenin
(Cuarto)

Es un amor desisteresado: no quiere nada, ni siquiera pide amor. Jamás se ha planteado los interrograntes que torturan a las parejas: ¿Me ama?, ¿Ha amado a alguien más que a mí?, ¿Me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.



20 comentarios:

  1. No se porque ese texto me deprimio profundamente (solo un poquitito mas de lo que ya estaba).

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  2. No era él proposito, si puedes, igual, intenta leer este libro de Kundera. Vale la pena

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  3. Qué lindo Agus! lo quiero leer.

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  4. Sí que vale la pena, te hace pensar muchísimo porque te llega a sentir identificada en varias situaciones. Linda la historia, muy bien narrada te atrapa.

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  5. Si he oído el libro varias veces..

    Lo leeré algun día ;)

    ::teamcry::

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  6. me encanta ese libro! y te recomiendo otro de Kundera: El libro de los amores ridículos... Es más satírico pero también muy reflexivo...

    Besos!

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  7. me dieron muchas ganas de leer el libro, voy a ver si en las vacaciones lo consigo : )

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  8. Que hermoso texto, el primero me encanto, es algo triste (no se por que), pero es hermoso.

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  9. Buf, hace ya un millón de años que leí este libro, me encantó, aunque tengo por norma no leer dos veces el mismo libro ¡¡hay tantos por leer!! ¡¡y la vida es tar corta!!
    Gracias por devolverme a Kundera y su insoportable levedad del ser.
    Enhorabuena por las notas!!

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  10. nada de lo que he leído, y he leído mucho, supera este libro... es imperdible...

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  11. Qué hermoso lo escrito!

    La cuarta categoría es preciosa...

    Seguro compraré el libro!

    Un beso Marie.

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  12. Me enamoró el personaje de la pintora, no recuerdo ya su nombre; la parte "leve" más que la pesada. Había una escena en que camminaba desnuda sobre un espejo, o algo así, me pareció muy erótico...

    besos

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  13. Eso era! Sabina. Y con el sombrero de su abuelo. Sexy...:D

    ¿Y tú que prefieres, la levedad o el peso? ¿Un amor firme, incodicional, o caótico e impredecible? El peso da miedo, pero la levedad también, uno puede salir volando y perderse para siempre...

    Y quedarse entre los dos ámbitos, es un poco frustrante, no? regresar a la tierra cuando estás volando, o estar firme en el suelo y empezar a separarte de él, de repente.

    Interesante dialéctica la de Kundera en este libro.

    Besos!

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  14. Augustine, llegué hasta acá gracias al blog de Rubén Martín y me merendé gran parte de tus ganas de llorar, que por momentos me recordaron el poema en prosa de Oliverio Girondo, con su in crescendo indetenible de entrañables lágrimas.

    Este libro de Kundera lo leí hace muchísimos años y lo subrayé y lo releí y la edición (que no era cosida) se abrió y fueron cayendo los páginas, que yo me guardaba en los bolsillos según el estado de ánimo del día. Lo busqué ahora en casa y no puedo encontrarlo. Recuerdo especialmente la escena de la violación del diario íntimo de Teresa por parte de su madre, la serenidad que invade a Teresa al nadar y la muerte de Karenin y la reflexión acerca de su nombre (como un enorme personaje literario puede bautizar a nuestro perro, a quien amamos con una densidad aun mayor que la de esa personaje). Y también recuerdo que Kundera dice que los animales son felices porque su vida está regida por la ley de la repetición y esperan lo que saben que llegará. Y que nosotros somos infelices porque esperamos más, siempre un poco más. Y recuerdo, ahora que son casi las 2 de la mañana en Buenos Aires, haber sentido que Teresa y Tomás no debían morir después de haber bailado. La vida no debiera cobrarnos ningún precio por ser felices.
    Precioso blog.
    Besos bañados en el silencio de la noche.

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  15. Y ahora recuerdo la película que, como todas, tiene estatuto propio y no debiera compararse nunca con el libro. Teresa era Juliette Binoche; Tomás, Daniel Day-Lewis; y Sabina, ese huracán llamado Lena Olin. Qué belleza de trío.

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  16. Me encanta. Lo leeré, vaya que sí. Un beso muy grande

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  17. el primer texto*_* sii yo se que pasa. Pobre,ha descubierto el amor por primera vez. Está enamorado ,lo que pasa que los seres humanos no saben lo q sienten ni saben lo que hacen.

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  18. qué texto! me ha encantado!
    me apunto el libro :)
    besos!

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  19. Mariel, por cierto, creo que si te lee Raúl le vas a pinchar un nervio. Él escribió un poema cojonudo sobre Beuys y su liebre.

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  20. Qué buen gusto tienes por la lectura! No suelo visitar sitios como este y de casualidad lo encontré. Milan Kundera es mi escritor favorito y La insoportable Levedad del ser es como mi libro de cabecera... qué bien que lo puedas dar a conocer por este medio.

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