Salí durante tres años con un chico. Salir sin nombre, etiqueta, rótulo, sin ninguno de esos contratos o exigencias sociales de nombrar a los vínculos con alguna palabra terrible. Salíamos y lo sabíamos, ya está, suficiente. Estábamos juntos, compartíamos cosas (una palabra que no dice nada, pero es muy amplia y se entiende perfectamente). Sabíamos ser un mundo aparte, un otro del todo. Nunca dejamos de saberlo, es un talento, es una forma de quererse. No, no fue mi novio. Siempre fue mi ex. Nos queríamos pero también nos queríamos mal. Perdón: nos queremos bien, pero también nos queremos (muy) mal. El amor es egoísta.
Salíamos. Sin nombre. Estábamos juntos, compartíamos todo tipo de cosas. Éramis la pareja que todo el mundo quisiera ser, pero sin ser, nosotros, una pareja. Teníamos un vínculo. Increíble. Insuperable. En sus palabras "Te quiero más allá de todo, estás más allá de cualquier relación que tenga con alguien". Teníamos una relación abierta... Con vos salgo, duermo, desayuno a la mañana, leo el diario, te hago cosquillas, te beso aunque no me haya lavado los dientes, te invito a comer, te presento a mi mamá, vamos al cine, sos mi apoyo, me hacés falta, compartimos todo. Pero puedo cogerme a cualquier otro ser, cuando quiera, como quiera, cualquier otro ser por el cual no sienta absolutamente nada, solo está en juego la carne.
Todo se termina, uno cree que esta es la vez que va a durar para siempre, pero no: todo, absolutamente todo se acaba. Él y yo nos acabamos decenas de veces, corremos en círculos. Nos odiamos. Hay algo en mí que es insoportable para él, más bien, hay algo en él, lo que siente por mí, la forma en que lo tironea mi energía, que me hace devenir insoportable.
Era abierto, pero estaba conmigo, había un pacto respecto de las emociones. También había muchos miedos, dudas, inseguridades. Es más fácil trasladar los sentimientos a una persona más. Lo hizo. Cuando estuvo seguro de que solo quería estar conmigo, se puso de novio con otra chica y cuando no supo cómo dejarla, cómo arrepentirse, volvió. Corremos en círculos. Los dos tenemos un cuchillo en la mano. Y sabemos usarlo.
Nos peleamos. Sí, el cuchillo. Sus susceptibilidades. Su pasión por la mentira. Mi costumbre que de no callarme la boca y decir las cosas en la cara, ser indomable. Demasiada energía e inteligencia, dice, que lo hacen sentir inferior. No puede, conmigo no puede. Soy más fuerte que su ego. Una chica que cierra la boca y opte por la ingenuidad es más fácil, alguien dócil, no una intensa. Se puso de novio por segunda vez, pero no me lo dijo... No dijo que eso existía, que salía con alguien, sí, pero dijo que podía hacer lo que quisiera. No le creí. Hacer lo que quieras con alguien por quien no sentís nada es una cosa. Hablarte, verte, desearte y cogerte con alguien a que consideras que "no quiero no besarte, no quiero no dormir con vos. te quiero de una manera que cuando estoy con vos estoy en otro lado. Como que sos un planeta aparte. Siempre lo fuiste. quererte va más allá de lo que tenga con alguien más (...) sos con lo que me gusta envolverme siempre. estás más allá de todo para mí" es algo muy diferente. Esa no se vale, esa no está bien. Se llama infidelidad. Termina por destruir algo y ese algo fue a mí, mi paciencia. Estoy podrida de reprimirme y esconderme, de que me escondan. Estoy cansada de ser una pelotuda, porque es lo que estoy siendo. Y estoy triste por estar tan cansada.
Tiene novia. Tiene n o v i a. Dice que la quiere. Yo sé que la quiere. Yo lo conozco más que nadie. Dice que no va a echarse atrás con su decisión de tener esa relación, aunque ya no la quiere mantener; antes no le pasaba, pero ahora tiene esos momentos, esos pensamientos, busca una razón para cortarlo todo, como si querer hacerlo no fuera suficiente. Me buscó igual, con una carta inmensa, lo más lindo y horroroso que leí en mi vida, un inbox del terror. Me molesta que me hable como si pudiera jugársela por mí, no: "la única persona por la que me gustaría sentir algo más de lo que ya siento. Me encantaría enamorarme de vos, y no se sí te dije esto alguna vez, pero me encantaría. Pero mi miedo a perderte del todo creo que es lo que siempre me detuvo". Me buscó y yo fui. Porque soy autodestructiva. Porque lo quiero como no quise a nadie y quiero la forma en que me quiere, cuando me quiere bien, cuando es mío. Porque sabía que me iban a herir de nuevo, pero ¿y a mí qué? Teniendo en cuenta que sé todo lo que hace, juego más yo de local que de visitante. Pero yo estoy en el banco, la pelota es de otra. No quiero quedarme a ver eso, es una película de terror. Prefiero estar sola, en mi cancha. Prefiero decir basta.
Volvimos a estar juntos porque somos débiles el uno al otro. No se puede explicar, cuando te pasa con alguien lo sabés y lo entendés, no necesitás palabras ni miradas: todo el cuerpo te grita, de repente te late, todo tu cuerpo te late, duele, está por estallar, te olvidás de respirar. No sabemos separarnos, solo sabemos tomar distancia. Yo sé esperar. Él sabe volver.
Yo esperé de ¿febrero? a junio.
Él volvió.
El día que volvió el horóscopo de la revista boluda que compra mi mamá decía "Sorpresa: esa persona que se había alejado va a volver". Lo supe. Tardó unas tres horas. "Usted tiene un mensaje sin leer". Volvimos a estar juntos porque somos débiles el uno al otro, tóxicos. No pregunté nada, hasta que ya no aguanté más. La novia estaba ahí, todavía, con sus cosas positivas y negativas. Sus miedos hacia mí estaban ahí, cada vez más grandes. Y yo, en el límite de no querer aguantar más una novela tan de las tres de la tarde en la que parezco la bruja loca y el mal tipo sale invicto. No me gusta reprimir absolutamente nada; hago, demuestro y escribo lo que quiero. No es mi culpa que alguien vaya a leer y encuentre lo que estaba buscando. No es mi culpa que otras personas tengan los ojos cerrados y no quieran ver las cosas como son. No es mi culpa que el haya decidido engañar a su novia conmigo. El amor es lo más egoísta que hay.
Dejamos de estar juntos. Le dije que no quiero estar así. No quiero que me hable, no quiero verlo. Tardó unas diez horas en volver a escribirme. A las 3 am. yo tenía que estar primero, no él, no ella. Pero, con o sin amor, él es egoísta igual. Me quedó con mi decisión. No quiero hablar. No quiero ser el cero a la izquierda de nadie. Tampoco quiero ser la mala de la película, solo soy una minitah más que quiere a un chico que en este momento está empecinado en ser un idiota. Me da lástima la forma en la que juega, su forma de "ser un pendejo", como dice cuando le pregunto por qué conmigo enserio no. Me encojo de hombros y sigo con mis cosas. Yo sé esperar. Él sabe volver.
También me dijo: "Me acuerdo que me dijiste que muchos grandes poemas no se escribieron en un día, sino en años; y creo que a nosotros no nos terminarían de escribir jamás".
No tengo idea cuándo carajos le dije eso de los poetas, estoy segura de que se lo inventó, yo eso no lo dije nunca.
La última vez que tuve sexo con él, hace poco más de una semana, no acabé. Cuando sentí el orgasmo, lo corté de raíz con una crueldad sexual insólita. Tenía que acabar otras cosas antes. No lo quiero cerca. El amor es lo más egoísta que hay.
Gracias, dijiste lo que no me atreví a decir en mi propio blog.
ResponderBorrarDicen que no nos quieren perder del todo, por eso no "están" con una, pero si están con las otras, porque perderles a ellas, dolerá solo un momento, dicen cada tontera cuando el miedo se los come.
Yo también me aleje, pero como dices tu, Uno sabe esperar, ellos saben volver.
Que mierda.
Gracias nuevamente, me deje de sentir sola por un momento.
gracias ♥
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ResponderBorrares raro, me siento muy identificada con mucho de lo que escribiste, en particular con el ùltimo parrafo pero también con todo aquello de la debilidad y la toxcicidad de ciertos amores. Y abajo veo el poema de idea vilariño y casi muero. En fin. Me gustó leerte. me gustó el blog
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