Yo te quiero escuchar, quiero mandarte links. Quiero tener tu cara entre las manos, moverla despacio para verla primero de un perfil y después del otro, aprenderla de memoria, “by heart”, como dicen lo gringos. Quiero que cierres los ojos. No te quiero extrañar más.
Tengo fotos de vos dormido, tan sereno, blanco y negro. Siento tanta ternura cuando te veo así. Es hermoso ese momento. Solo quiero tenerlo yo. A ese momento. A todos los momentos como ese. Haceme desearte. No me llames, no me mandés mensajes. Mejor callate. Igual buscame. Caminá por las calles por las que sabés que yo camino cada tanto y hace de cuenta que cruzarnos es una casualidad, que nos está juntando el destino; salí a andar en bici por los mismos lugares a los que yo voy a pasear y sacar fotos.
Tengo fotos tuyas durmiendo. No entiendo cómo es posible conservar una imagen de esos modos si la fotografía es algo completamente invisible. Si yo miro estas fotos, vos estás durmiendo. Hay un doble tuyo encerrado en una foto de tu pasado que vuelve ahora, y no estabas sino que estás durmiendo ahora mismo porque yo te estoy mirando ahora dormir en una foto en blanco y negro, rollo kodak, iso 100 forzado a 400, revelado manual. Estás congelado. Estar congelado es mayor o igual a estar muerto.
Mirame, sonreí, agarrame la mandíbula, dame un beso fuerte, ¡qué alto que sos! “estás hermosa con los lentes, me encantan, estás vestida de color, sos hermosa”. Llevame a merendar. Comprame flores. Pasame el brazo por la cintura, acariciame el pelo.
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